La sociedad española es profundamente religiosa. Según encuestas recientes, los índices de creyentes católicos continúa siendo muy alta, en tiempos donde la iglesia católica pierde terreno frente a otras religiones (judaísmo, hinduismo, islamismo, budismo,… y tantas otras de menor presencia en Europa) y el ateísmo.

Es por ello que la iglesia católica ha decidido, según las órdenes del Papa Francisco, inmiscuirse aún más en las comunidades pobres de cada uno de los países donde esté enclavada una iglesia católica.

Para ello muchas de estas instituciones locales han implementado programas de desarrollo local que incluyen la compra de grupos electrógenos.

Con la instalación de estos equipos los religiosos llevan a cabo muchísimas actividades, incluso en sitios alejados de la civilización, donde la luz eléctrica no la llegado aún. Se trata de que el desarrollo toque a los más necesitados cuanto antes, para disminuir la franja de pobreza que divide a muchos de las comodidades de que disponen solo unos pocos en siglo XXI.

Por ejemplo, en un convento se puede instalar un grupo electrógeno. Esto beneficiaría no solo a los religiosos que estuvieran viviendo en la instalación, sino que a la larga también beneficia a los pobladores cercanos. Es costumbre religiosa cocinar dulces y otras delicadezas para vender a bajos precios a los más necesitados. Se trata de actividades de caridad que ayudan a los más pobres a sobrevivir en los malos momentos.

Además, los conventos son sitio de refugio para los necesitados que esté de paso. Los religiosos tienen la costumbre de acoger en el seno del convento a los necesitados de abrigo cuando estos lo requieran. Se trata de una institución de caridad que trabaja los 365 días del año brinda apoyo a los creyentes y no creyentes.

Igualmente, con la instalación de grupos electrógenos es posible calentar las habitaciones de los curas, mojas, seminaristas, así como los invitados que se encuentren en el convento en ese momento. Sobre todo en invierno es necesario el uso de la calefacción, ya que muchos conventos se encuentran en montañas o en zonas muy llanas, en las cuales el frio es excesivo. La calefacción es muy costosa actualmente, por lo cual muchos centros de acogida ya no pueden funcionar, porque no tienen como costear el combustible.

Los sacerdotes y las monjas se encargan de los necesitados y les dan abrigo en el convento cuando más lo necesitan los pobres y los desempleados. La crisis económica ha hecho que muchos españoles rocen o se encuentren en los límites de la pobreza extrema.