Las iglesias, los monasterios, los conventos y todas las entidades religiosas también necesitan su dosis de confort, sobre todo porque en ellas suelen vivir personas de muy elevada edad. Por eso en estos espacios se han comenzado a instalar depósitos de inercia, lo cual me parece muy atinado dada la llegada del invierno.

Los depósitos de inercia se han vuelto muy populares en el mundo eclesiástico. Según algunas entrevistas a religiosos residentes en estos espacios, las opiniones sobre estos aparatos son muy favorables. Y es que resulta que muchas de estas iglesias se han unido a la causa de la defensa del planeta, por eso han comenzado a usar equipos que contribuyan a la protección del mismo.

Los depósitos de inercia se encuentran entre los equipos que tributan al desarrollo sostenible. Por eso tienen tan buena prensa por parte de los activistas de los grupos ecologistas. Son varias las ONG y otros grupos de la sociedad civil que promueven el uso de estos aparatos. Y la iglesia no ha querido quedarse fuera.

Nada, que parece que los depósitos de inercia son ahora mismo la mejor manera de calentar el agua en casa, y no solo en casa, también en los centros religiosos.